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Vestigios arqueológicos

Por: Oscar Zapata - Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Cuando el capitán Jorge Robledo y su hueste conquistadora en el siglo XVI decide subir por el costado oriental del Valle de Aburrá en el intento de seguir observando lo existente a lo alto de la montaña, el cronista de indias que lo acompañaba, don Juan Bautista Sardella escribió:

Visto por el capitán que hacia la parte de Arví no se hallaba poblado, por haber abajado mucho el mismo con ocho de a caballo e, ciertos peones a la ligera e fue a descubrir por otra parte y no pudo hallar poblado, puesto que hallo muy grandes edificios destruidos e los caminos de peña tajada, hechos a mano mas anchos que los del Cuzco e otros vahios como a manera de los depósitos y el capitán no se atrevió a seguir aquellos caminos porque quien los había fecho debió ser mucha posibilidad de gente.

En la descripción hecha por los españoles se ve la existencia de la población indígena, a quienes se les atribuye la construcción de los caminos que aún se logran percibir en el corregimiento. La variedad de caminos existentes en el territorio es uno de los factores explicativos de la historia poblacional, los movimientos económicos, el intercambio de productos y la vida cotidiana de las diferentes generaciones que han plasmado su huella en la región que comprende Santa Elena. La estructura física e inmaterial de las vías del corregimiento a través del tiempo, indudablemente arrojan rasgos y luces sobre las primeras poblaciones y sus sistemas de producción ligadas a la explotación aurífera del territorio.


Ruinas de la escuela Sabanas, vereda Piedras Blancas

Ruinas de la escuela Sabanas, vereda Piedras Blancas

 

Junto a las diferentes vías de comunicación, está la historia del poblamiento y los primeros asentamientos en la zona de Piedras Blancas hoy una vereda de Santa Elena. Desde los tiempos anteriores a la llegada de los españoles al Nuevo Mundo en el siglo XV y XVI, la zona de Piedras Blancas estuvo habitada y rodeada por poblaciones indígenas como los Aburráes y la tribu Tahamí que aprovecharon las condiciones del territorio para la extracción y comercio de minerales como el oro, la sal, y más tardíamente la siembra de las especies comestibles. Estas poblaciones indígenas, según los estudios arqueológicos y prehispánicos, construyeron diferentes caminos que aún pueden reconocerse en las diferentes veredas que componen Santa Elena.

La llegada de la hueste española capitaneada por Jorge Robledo al Valle de Aburrá, generó un choque en la población indígena de Piedras Blancas que luego estuvo sometida a esos hombres de caras blancas y barbas largas. El asentamiento ocasional de los españoles en este territorio, no fue de gran dificultad como en otros territorios del Nuevo Reino de Granada, ya que la población indígena que habitaba lo que hoy es Santa Elena era minoritaria, lo que permitió el fácil asentamiento español y con ello el trabajo en las salinas y la explotación de la minería de aluvión y veta. Los primeros años fueron de conquista, exploración y apropiación de las tierras indígenas. Luego de un fuerte y avanzado asentamiento de los españoles, comenzó la explotación productiva del territorio en busca de los intercambios culturales y comerciales con otras sociedades del Valle de Aburrá y el Valle de San Nicolás. Desde entonces Piedras Blancas fue un lugar de movimiento y descanso continuamente explotado por los hacendados y mineros más reconocidos de la zona.


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Centralidad de Santa Elena. Cortesía: Grupo de Vigías del Patrimonio

 

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Parque Principal de Santa Elena en la actualidad

 

La temprana historia del corregimiento de Santa Elena se registra en los sectores de Mazo y Piedras Blancas, los registros escritos sobre estos territorios así lo muestran, la configuración poblacional de gran parte de lo que hoy es el corregimiento, datan desde el siglo XVI, lo que ubica a Mazo y Piedras Blancas como los núcleos donde se dio inicio a la configuración del poblamiento en Santa Elena

No se tiene aun el año exacto desde que el corregimiento fue nombrado Santa Elena. Hacia mediados del siglo XIX ya era mencionado y conocido por este nombre. En un cuadro de costumbre, género literario que imperó en la época decimonónica, el escritor Juan de Dios Restrepo, quien utilizó en su actividad literaria el seudónimo de Emiro Kastos, escribió sobre una salida campestre realizada el 21 de septiembre de 1856, que tituló: “Un paseo a Rionegro”. En un pasaje del mencionado escrito el autor relata sobre el viaje de Medellín a Rionegro por el camino de El Tirabuzón, “De lo alto de Santa Elena dirigí una mirada a Medellín, pero la ciudad estaba cubierta con fajas de niebla, como una hermosa con su velo blanco […]”Vemos que para la fecha ya se reconocía el territorio como Santa Elena. Vale mencionar que el nombre de Santa Elena nace de un pasaje de la fe católica, de una mujer de nombre Elena que Jesús le reveló el lugar donde se hallaba la cruz en la cual fue crucificado.

Sin embargo, se tiene como fecha de su fundación de Santa Elena el año de 1956 y en 1960 la recién conformada Junta Veredal de Acción Comunal del corregimiento le cambió el nombre por el de Santa Elena Parte Central, pero ya era una denominación para una vereda, aparte del nombre general del corregimiento.

Este nombre se debe al hecho de que en sus predios se fueron estableciendo, desde mediados del siglo XX, todas las instituciones y servicios más representativos del corregimiento, como son: la iglesia, el cementerio, la Casa de Gobierno, el parque central –de reciente construcción-, el Comando de Policía, el centro de salud, la biblioteca, el colegio, la cancha de fútbol, el coliseo y los establecimientos de comercio

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Club El Campín. Cortesía: Grupo de Vigías del Patrimonio

 

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Casa de Gobierno de Santa Elena en la actualidad

 

Hacia mediados del siglo XX las personas del corregimiento conformaban convites para trabajar en la construcción de grandes obras que contribuían al desarrollo y beneficio de la comunidad. El recuerdo más recurrente de los abuelos es el de aquellos convites que se realizaron para edificar obras de interés social en el Parque Central. Se refieren de manera reiterada a una máquina para hacer bloques con tierra y cemento mesclados, conocida como Cinva Ram. Los abuelos ayudaron a construir el centro médico, la casa cural, el Idem Santa Elena y otras obras que fueron de gran importancia para la vida de la comunidad. Eran trabajos que exigían resistencia y fuerza física, por lo que el convite fue un encuentro con el trabajo mancomunado propio de los hombres; quienes para obedecer a las exigencias de la labor y contrariar el desgaste físico, contaban con la suculenta coca o fiambre, alimentos cargados de calorías que preparaban con cariño las damas del hogar, las abuelas de hoy. Esta fue una de las actividades que realizaron los abuelos en su esfuerzo por contribuir a la consolidación de obras físicas que generaran mayor bienestar a la comunidad. En este marco, el convite fue un espacio de socialización, que contribuyó al desarrollo planificado del corregimiento, desde los años 50’s.


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Antigua imagen del Sagrado Corazón,
Parroquia Santa Ana. Vereda Mazo.

Dentro de la vida cotidiana del habitante de Santa Elena se han regulado varias actividades relacionadas con el trabajo y la vida doméstica a lo largo del tiempo. Una de estas actividades, que cuenta con gran importancia y significado cultural dentro de la esfera de la religiosidad, tiene que ver con el acto de orar. El campesino del corregimiento al igual que disponía de su tiempo para comer, también le era menester alimentarse espiritualmente. Orar con piedad y mucha fe eran momentos de regocijo interior que se realizaba varias veces al día, desde que despuntaba el alba y los primeros rayos del sol presentaban un nuevo amanecer –cuentan los abuelos– empezaban los rezos “dando gracias a Dios por el nuevo día y protegidos y con salud”. Cuando los últimos rayos desvanecían detrás de las montañas, la familia se reunía para rezar el rosario.

Era típico que en los hogares de Santa Elena la devoción y fervor católico se reflejara a través de la imagen de algún santo. En las paredes de las viviendas se colgaban cuadros con imágenes alegóricas a momentos bíblicos o a santos católicos, en algún rincón de la casa se disponía el altar familiar frente al cual se realizaban rezos y plegarias, siendo así, la casa uno de los espacios más representativos en el ámbito religioso.

Antes de crearse la capilla de Santa Elena en 1945, en un terreno donado por el señor Roberto Uribe, el punto de mayor referencia y atracción de la comunidad de todo el corregimiento, para escuchar misa y elevar plegarias, era la capilla de Santa Ana de la vereda Mazo, la primera capilla del corregimiento con más de 80 años de establecida. En fechas de suma importancia religiosa, como la Semana Santa o el día de la Santa Ceniza, una gran cantidad de habitantes de otros sectores (lo que hoy se conoce como veredas), se desplazaban hacia la capilla de Mazo, por caminos de trocha difíciles de transitar y más dadas las inclemencias del clima que dificultaban llegar al recinto sagrado.

Sin embargo, la comunidad también se concentraba en lugares donde las personas que provenían de la ciudad de Medellín, temperantes como se les denominaba, se hospedaban, especialmente en el sector de La Calle, El Recreo y El Plan; y debido a que muchas de esas personas eran sacerdotes, eran comunes las misas para la comunidad en casas de algunas familias y en torno a ella se congregaban habitantes de otros sectores. Un ejemplo de esto lo constituye la todavía en pie, casa de la familia Gutiérrez en la vereda Media Luna, allí se encuentran todavía elementos de la capilla construido para tal fin.


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Equipo de fútbol

 

Otras festividades que convocaban a diferentes familias de todos los sectores, son las fiestas de navidad, tradición que en buena medida permanece. Reunidos en torno al pesebre, se rezaba la novena de aguinaldos y se cantaban villancicos; en muchas ocasiones se interpretaban sainetes y bambucos, cumbias y guabinas, pasillos y porros, dando inicio a los alegres y acompasados bailes de la navidad en torno a la sala de la casa, un aspecto que resulta interesante en este caso son las coreografías de estos bailes.

Estos bailes se realizaban al ritmo sonoro de las cuerdas de los instrumentos que acariciaban los músicos, quienes eran los encargados de amenizar las fiestas en general: matrimonios, festividades de santos, aniversarios, fiestas de navidad, entre otras. En Santa Elena por lo regular los campesinos parrandeaban en fiestas organizadas en las casas, debido en parte a la inexistencia de espacios públicos donde la gente pudiera bailar, sólo a partir de la década de 1940 se crearon algunos negocios, tiendas de suma referencia para el campesino, como El Café Santa Elena, El Cartucho, El Estanquillo y El Campín, este último era un club donde se reunían personas de la elite de Medellín que venían a bailar con la música de orquestas tan refinadas y reconocidas en el medio, como la orquesta de Lucho Bermúdez y la de Baleor Ramírez. Mientras “la gente de Medellín” bailaba, los campesinos escuchaban alrededor de El Campín, pues este era un club muy exclusivo donde sólo ingresaba gente de elite.

El estilo de diversiones del campesino va a dar un giro profundo a principios de la década de 1960, cuando el fútbol se propagó intensamente entre sus habitantes. El primer equipo de fútbol que surge en Santa Elena, era conocido como “La Calle” nombre con el cual se hacía referencia a la parte central, lo que hoy se conoce como el parque y todo su alrededor; el señor Javier Soto apodado“Papilla” portero del equipo “La Calle”, comenta que “la gente ahora años no decía vamos para Santa Elena, sino que decían vamos para la calle”, y fue así como bautizaron a éste equipo de fútbol, que inició su vida deportiva jugando con equipos conformados por temperantes que venían de la ciudad de Medellín y desafiaban a duelo al equipo “La Calle”. Muchas de las personas que conformaron este equipo no olvidan la disciplina de sus entrenamientos, el buen fútbol que mostraban y las numerosas victorias en línea que consiguieron, entre las más recordadas se encuentra el día en que se inauguró la Parroquia de Santa Elena y como evento central se realizó un partido entre La Calle vs. Temperantes “evento que conglomeró mucha gente y en el cual el espectáculo fue total”.


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Vista  aérea de la Vereda Cerro Verde.

Actualmente Santa Elena, es un territorio rural que poco a poco ha implementado a sus usos del suelo nuevas actividades económicas, sociales, agroambientales y culturales, gracias a diversos métodos planificadores: unos configurados como respuesta a los proyectos que se han planeado desde la administración municipal y demás entidades, que han visto en este Corregimiento una alternativa de comercio o un espacio de intervención estatal, como es el caso de la creación del Parque Arví y otros obedecen al desarrollo autóctono de la región, como fue hace más de 50 años con la aparición de la cultura silletera y su tradicional desfile, pero paradójicamente ambas visiones, difícilmente se transversalizan o se realimentan mutuamente.

Como lo señaló Dora Cecilia Zaldarriaga de la vereda El Tambo de que Santa Elena es:

Una nueva ruralidad, pues el corregimiento ha incorporado a sus funciones rurales de agricultura, labores autóctonas de explotación del bosque y ocupaciones propias de su cotidianidad; otros trabajos relacionados con la elaboración de productos transformados a pequeña escala, implementación de servicios de transporte público formal e informal, construcción de espacios recreativos y de ocio, fabricación de artesanías y proliferación de diversas actividades comerciales en respuesta al incremento de turistas en la zona, lo que ha generado poco a poco transformaciones físicas en diferentes sitios del corregimiento.

En este aspecto socio cultural se puede decir que Santa Elena tiende a los cambios inesperados de la vocación campesina, esto podría deberse a la llegada de nuevos pobladores que habitan estos territorios no en el estado de campesinos con apegos e identidades propias de la zona, si no de finqueros que regularmente no se vinculan en procesos sociales o culturales en los lugares de residencia.

Toda esta transformación en el aspecto cultural y social impacta sobre el paisaje, el desarrollo de centralidades suburbanas que indica los avances del urbanismo en el corregimiento y que abarca las veredas de Las Palmas, Barro Blanco, El Plan y la Parte Central muestra que en estas veredas se presenta un aumento constante de sectores con características de pequeños barrios y poblados urbanos de la ciudad. Santa Elena es un territorio que culturalmente está permeado por los cambios que la misma dinámica cultural implanta sobre el territorio.


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