
Por: Julián Estrada Ochoa
Desde que tengo uso de razón he viajado por la carretera de Santa Elena. Significa lo anterior que llevo más de medio siglo observando los cambios físicos, topográficos, urbanísticos, sociales y de paisaje. Ahora bien: Ni vivo, ni he vivido, ni trabajo en Santa Elena. Mi conocimiento de esta vía obedece a mi espíritu sibarita (léase goloso y bebedor) y ante todo porque desde que me movilizo por mis propios medios, cada que puedo tomo esta carretera la cual considero absolutamente hermosa y totalmente encantadora en aquello que siempre busco cada vez que por ella viajo… Buena comida y buenos tragos. He titulado esta corta crónica de tal manera, porque comer en carretera es algo que se hace con mucha frecuencia, pero comer bien en carretera no es lo común. La famosa Guía Michelin que hoy por hoy clasifica los mejores restaurantes de Europa, se inició hace más de un siglo en Francia, dado el espíritu viajero y de buen comer que siempre ha caracterizado a los franceses, creadores y pioneros de aquello que actualmente se denomina con el supuesto anglicanismo de “PIC –NIC” pero la verdad sea dicha, responde a un galicismo y a una práctica cultural absolutamente francesa, que se define como: salir a descansar viajando en carro y disfrutando de comida llevada desde casa o encontrada por la carretera.

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